RELATO CORTO – EL REFLEJO QUE NO SOY

EL REFLEJO QUE NO SOY

Hoy al despertar, he mirado a mi alrededor y para mi sorpresa he encontrado la imagen de mi dormitorio mucho más lúgubre de lo habitual. Me ha producido una sensación absolutamente claustrofóbica.

Instintivamente he tratado de sonreír y de apartar de mi esta extraña sensación de opresión que estaba sintiendo. He comenzado mi ritual diario de acicalamiento y de frugal desayuno.

Como cada mañana, antes de salir, me detengo frente al espejo para ajustar mi corbata. Es un hábito tan cotidiano, que apenas le presto atención, hasta hoy.

Esta mañana, mientras me miraba, noté algo extraño. Mi reflejo sonrió, pero yo no sentí ninguna alegría. Parpadeé, y la sonrisa permaneció, burlona, fija en sus labios. Sentí un escalofrío recorrer mi espalda. Aparté la vista, pero cuando volví a mirar, el reflejo había desaparecido.

Pensé que era mi imaginación, un juego de luces o cansancio. Pero a lo largo del día, la sensación creció. En el reflejo de la pantalla del móvil, en el cristal de la ventana, en cada superficie brillante, mi imagen parecía moverse con un retraso, o hacer gestos que yo no hacía.

EL REFLEJO QUE NO SOY
EL REFLEJO QUE NO SOY

Cada día que pasaba esta percepción iba creciendo y mi inquietud interior se incrementaba incluso más deprisa que las propias percepciones.

Una noche desperté sobresaltado y, sin saber cómo, me encontré frente al espejo del baño. Mi reflejo ya no me imitaba. En lugar de copiar mis movimientos, me observaba con una expresión fría, casi desafiante. Intenté mover la mano, pero el reflejo permaneció inmóvil. Luego, lentamente, levantó su mano y me señaló con el dedo índice.

El miedo me paralizó. ¿Quién era ese otro? ¿Era yo? ¿O era alguien más que había estado ahí todo el tiempo, oculto tras la superficie del vidrio?

Los días siguientes fueron un tormento. El reflejo empezó a actuar por su cuenta: sonreía cuando yo estaba serio, lloraba cuando yo estaba tranquilo, y a veces parecía susurrar palabras que no podía entender. Mi mente se fragmentaba, y la realidad se volvía un laberinto sin salida.

Mi vida, esa vida vulgar, que era mi zona de confort, había desaparecido. Una noche, decidí que era el momento de enfrentarme a él. Me planté frente al espejo y le grité: «¿Qué quieres de mí?»

El reflejo me devolvió la mirada, y con una voz que parecía salir de un profundo abismo, respondió: «Quiero ser libre.»

Antes de que pudiera reaccionar, sentí un tirón dentro de mí, como si algo me arrancara desde adentro. Caí al suelo, mareado, y cuando levanté la vista, el hombre del espejo estaba en mi lugar, sonriendo con satisfacción.

Ahora, desde el otro lado del vidrio, veo mi reflejo caminar libremente por el mundo real. Y yo… yo estoy atrapado aquí, condenado a observar, sin poder moverme, sin poder gritar.

Porque a veces, el reflejo que no somos es el que realmente quiere vivir.

El Reflejo Que No Soy – Serie Relatos Cortos – Copyright ©Montserrat Valls y ©Juan Genovés

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