RELATO CORTO LA CARTA OLVIDADA
LA CARTA OLVIDADA
Era más pronto de lo habitual cuando el despertador, con inaudita agresividad, saco de su sopor a Daniel. Aquella fría mañana de febrero había tenido que despertarse antes de lo normal para ir a realizar unas gestiones fuera de la ciudad.
Tenía 35 años y vivía una vida rutinaria, marcada por la ausencia de Lucas, su hermano mayor, que había desaparecido sin rastros hacía ya diez años. Nadie nunca había vuelto a tener noticias de él.
Sus padres nunca habían logrado superarlo. Posiblemente tuvo algo que ver en el accidente. Por lo menos es la conclusión a la que llegaron los investigadores de la policía, después de hallarlos muertos en la cama por inhalación de gas.
Daniel terminó de arreglarse y tomó un desayuno frugal antes de cruzar la puerta de su piso. Bajó raudo las escaleras y al llegar al vestíbulo, de forma maquinal, abrió su buzón. Para su interior, mientras lo hacía, pensó: “para que lo abro. Aún falta mucho para que pase el cartero”.
Iba, casi sin mirar, a cerrarlo cuando le pareció vislumbrar algo dentro. Debía ser publicidad pensó, mientras su mano se deslizaba en busca de lo que fuera.

Era un sobre blanco, amarilleado por el tiempo, sin remitente. Parecía una carta de otro tiempo, una carta olvidada. Solo su nombre, trazado en letras mayúsculas aparecía en el mismo. La caligrafía le pareció familiar, pero no conseguía ponerle una imagen.
Rasgó el sobre y sacó una carta doblada de su interior, también sobre papel envejecido. La desdobló y con sorpresa vio un dibujo, era una vetusta casa que le recordó un lugar del pasado y una frase confeccionada con letras recortadas de periódicos y revistas que decía: “para conocer el final, hay que regresar al principio”.
Le pareció una solemne estupidez y a punto estaba de tirarla, cuando consiguió ponerle imagen a la caligrafía del sobre… la cara de su hermano Lucas se formó nítidamente en su cerebro…
Aquella casa dibujada, era la casa abandonada a las afueras de la ciudad, que hacía muchos años atrás, había sido escenario de juegos de críos de él y su hermano. Se convirtió más tarde en una suerte de “armario” donde escondieron cosas de su juventud, prácticamente hasta la desaparición de Lucas.
Intrigado, la guardó con cuidado y decidió que al regresar de sus gestiones pasaría por el lugar para ver si aún existía la casa abandonada o si ya se había convertido en algo diferente.
Durante la mañana, mientras resolvía los temas que le habían llevado fuera de la ciudad, sentía una cierta inquietud… ¿su hermano trataba de decirle algo? ¿alguien que conocía a su hermano, le pasaba alguna información?
A eso de las cuatro de la tarde, cuando el sol comenzaba su periplo a la desaparición, llegó a la casa abandonada que, para su sorpresa, parecía estar igual que la última vez que había entrado en allá hacía ya más de diez años.
Se acercó a la puerta, miró a su alrededor y cuando confirmó que no había nadie, la empujo. Con sus goznes chirriando fue abriéndose hasta que Daniel pudo colarse por ella.
El interior, en penumbras, estaba mucho más derruido e inquietante de lo que recordaba, sacó su móvil del bolsillo y encendió la linterna. A medida que recorría la estancia principal, le pareció descubrir pistas de que su hermano seguía vivo. Se sentía, además, observado. Trató de buscar entre las sombras si había alguien, pero no consiguió ver ni intuir movimiento alguno.
Con el corazón acelerado entró en la habitación donde ellos solían esconder cosas y para su sorpresa empezó a vislumbrar cosas que parecían objetos personales de Lucas y encima de una, medio destrozada, mesa vio un libro.
Estaba lleno de polvo, pero la curiosidad pudo más que el reparo y sopló fuerte para apartar una parte de aquella inmundicia y lo abrió. Era el diario de su hermano… ojeó las últimas páginas y vio algo inquietante. Una extraña e increíble confesión de su hermano…
Al leerla descubrió que la desaparición de su hermano fue un montaje planeado por él mismo, para escapar de una vida llena de problemas y deudas. La carta anónima había sido escrita por su hermano para poner a prueba su lealtad y su amor. Para saber si esa lealtad y ese amor eran suficientes para que se desplazara a la vieja mansión.
Parecía que, finalmente, su hermano estaba vivo, pero seguía sin saber donde y si realmente era así.
Turbado, decidió dejar la mansión. Miró la hora en el móvil, había pasado más de una hora y media. Se dirigió a la puerta para salir.
La abrió y el sol, ya bastante bajo, pero aún con luz intensa al salir de la penumbra, le deslumbró por completo. A unos diez metros le pareció percibir una silueta, parecía la de su hermano.
La voz de Lucas llegó a sus oídos: —Daniel, todo ha sido un juego psicológico, para que te enfrentes a tus miedos y decisiones.
El joven, aún cegado por el sol, abrió sus brazos y raudo dirigió sus pasos hacia donde estaba su hermano, dispuesto a abrazarle.
Inexplicablemente cuando llegó donde parecía estar… el sol ya no le cegaba y allí, no había nadie…
Lucas había desaparecido misteriosamente, por segunda vez, como si nunca hubiera estado allí. Daniel se quedó solo, con la carta, el diario y con la sensación de que todo pudo haber sido una alucinación… ¿o fue un encuentro real?
Daniel se quedó mirando la mansión, cuestionando la realidad y su propia percepción…
La Carta Olvidada – Serie Relatos Cortos – Copyright ©Montserrat Valls y ©Juan Genovés