RELATO CORTO LA HORMIGA Y EL ELEFANTE

LA HORMIGA Y EL ELEFANTE

En la vasta sabana, bajo el sol ardiente, un elefante caminaba con paso lento y pesado. Sus enormes patas levantaban pequeñas nubes de polvo mientras avanzaba entre la hierba alta. Sin darse cuenta, estaba a punto de pisar una diminuta hormiga que cruzaba su camino con prisa.

Justo cuando la enorme pata estaba a punto de caer sobre ella, una vocecita aguda y temblorosa resonó en el aire: «¡Cuidado, grandullón, que vas a matarme!»

El elefante se detuvo en seco, levantando la pata con sorpresa. Miró a su alrededor, desconcertado. ¿Quién había hablado? No veía a nadie. La voz volvió a escucharse, esta vez un poco más clara: «¡Aquí abajo, en la hierba, soy yo, la hormiga!»

Con mucho esfuerzo, el elefante bajó la cabeza y, entre las briznas de hierba, vio a la pequeña criatura que le hablaba. Era una hormiga diminuta, con ojos brillantes y antenas inquietas, que lo miraba con una mezcla de miedo y valentía.

LA HORMIGA Y EL ELEFANTE
LA HORMIGA Y EL ELEFANTE

—¿Eres tú quien habló? —preguntó el elefante, incrédulo.

—Sí, soy yo —respondió la hormiga—. Sé que no quieres hacerme daño, pero tus pasos son tan grandes que podrías aplastarme sin querer.

El elefante sonrió, conmovido por la valentía de aquel ser tan pequeño. Con mucho cuidado, levantó la pata y la colocó a un lado, dejando un camino libre para la hormiga.

—Gracias por avisarme —dijo el elefante—. A veces, por ser tan grande, olvido que hay quienes son muy pequeños y también importantes.

La hormiga asintió y continuó su camino, mientras el elefante seguía caminando, ahora más atento a las pequeñas voces que la naturaleza le pudiera susurrar. Desde ese día, el elefante aprendió a mirar con cuidado cada paso, respetando la vida en todas sus formas, grandes o pequeñas.

Después de aquel encuentro inesperado, el elefante y la hormiga se cruzaron nuevamente en un claro de la sabana. La hormiga, con su energía incansable, saludó al elefante con entusiasmo, y este respondió con una sonrisa amable.

—¿Quieres que te muestre algo? —preguntó el elefante—. Hay lugares que con tu tamaño no podrías alcanzar.

La hormiga asintió emocionada, y juntos emprendieron un nuevo recorrido. El elefante, con su enorme tamaño, llevó a la hormiga sobre su espalda, mostrándole panoramas que jamás habría imaginado: las copas de los árboles más altos, el curso serpenteante del río desde las alturas y las vastas praderas que se extendían hasta el horizonte.

La hormiga, maravillada, compartía con el elefante historias de su colonia y le explicó cómo, a pesar de su pequeñez, podían lograr grandes cosas trabajando en equipo. Le contó cómo cada hormiga tenía un rol, desde recolectar comida hasta proteger el hormiguero, y cómo la cooperación hacía posible superar cualquier obstáculo.

—El trabajo en equipo es nuestra fuerza —dijo la hormiga—. Juntos, somos invencibles.

El elefante escuchaba atentamente, comprendiendo que la fuerza no siempre está en el tamaño, sino en la unión y la colaboración. Inspirado, decidió ayudar a la hormiga y a su colonia. Usó su trompa para mover ramas pesadas que bloqueaban el camino hacia un nuevo territorio para las hormigas, y con su sombra protegió a las pequeñas mientras trabajaban bajo el sol.

Con el tiempo, su amistad se fortaleció. El elefante aprendió a valorar la humildad y la cooperación, mientras la hormiga descubrió la belleza de explorar el mundo desde otra perspectiva. Así, dos seres tan diferentes encontraron en su amistad un puente entre mundos, demostrando que la grandeza reside en el respeto mutuo y en el apoyo sincero. Juntos, elefante y hormiga, caminaron por la sabana, inseparables y felices, compartiendo aventuras y enseñanzas que jamás olvidarían.

La Hormiga y el Elefante – Serie Relatos Cortos – Copyright ©Montserrat Valls y ©Juan Genovés

Más relatos cortos

Algunos de nuestros libros

Deja un comentario