RELATO CORTO EL MENSAJE MISTERIOSO

EL MENSAJE MISTERIOSO

Carlos, al levantarse aquel 8 de enero, como siempre abrió su teléfono para ver si tenía mensajes. Había solo uno: era un mensaje misterioso.

Lo habían enviado desde un número que él no tenía entre sus contactos y su contenido era verdaderamente extraño: “Aquí tienes tu invitación personal e intransferible para una fiesta privada, donde tus emociones y sentidos se exacerbarán. Te esperamos el día 17 de febrero a las 18:30h. No faltes o perderás una oportunidad de vivir experiencias inolvidables.

Si decides asistir deberás ir a la calle que tiene el nombre del santo fundador de la iglesia católica, en el número que representa el signo de Cáncer. Para entrar necesitarás usar la clave ‘altramuces’. Ven con nosotros. No te arrepentirás.”

El joven estuvo a punto de borrarlo, pero la curiosidad pudo más que la razón y empezó a tratar de descifrar aquel enrevesado contenido… Después de pensar un rato llegó a una inesperada conclusión: La fiesta se celebraría en la calle San Pedro, (nombre del fundador de la iglesia cristiana), número 69, (número con el que se conoce el signo de Cáncer). La clave altramuces pensó que posiblemente estuviera relacionada con “chochos” el nombre vulgar que se da a estas leguminosas.

EL MENSAJE MISTERIOSO
EL MENSAJE MISTERIOSO

—¡Ya está! –dijo para sí mismo– se trata de una fiesta erótica…

A partir de este momento empezó a darle vueltas a si sería o no oportuno ir…

Por la noche, después de trabajar todo el día y después de ver las noticias por la tele, como siempre catastrofistas. Decidió finalmente que se arriesgaría a ir a la fiestecita en cuestión. “A nadie le amarga un dulce”, pensó.

Llegado el día señalado pidió salir un poco antes de su trabajo, al llegar a su casa, se duchó, se acicaló y se puso su mejor vestimenta… aquella que usaba en los momentos especiales… No pudo evitar cierta excitación al pensar en una de las frases del misterioso mensaje: “tus emociones y sentidos se exacerbarán”.

Presa de una fuerte emoción salió de casa y se montó en su moto. Presto, esperando haber acertado en sus deducciones, se dirigió a la calle San Pedro, 69…

Al llegar a la dirección estacionó su moto en la acera y miró hacia arriba para localizar el número del local donde se dirigía. Estaba cerca, de hecho, había estacionado frente al número 53. Encaminó sus pasos hacia el ansiado antro…

Al llegar a la puerta una joven de unos 20 años, ataviada con un disfraz de bruja, le miró con extrañeza. Él, dudando si debía decir altramuces o chochos, se decantó por lo primero y con voz temblorosa dijo: “altramuces…”

La hermosa joven, aún con mayor extrañeza, le franqueó la entrada… Carlos, tembloroso, entró en el local. De repente risas y voces infantiles le turbaron… No imaginaba una fiesta de este estilo donde hubiera niños… aquello podía ser inaceptable para su forma de entender estas cosas…

Aún y así entró. La visión le paralizó: un montón de niños y niñas disfrazados estaban celebrando una fiesta de Carnaval, bajo la divertida mirada de muchos padres también disfrazados, que gozaban viéndolos en plena juerga…

De repente, la voz de un adulto atronó por los altavoces: “Ahora peques, ha llegado el momento de que elijáis a uno de nosotros para pintarle la cara…

Los críos, alborozados, dirigieron sus miradas hacia el grupo de padres, entre el que, evidentemente, destacaba la única persona no disfrazada… y así fue como Carlos fue el elegido por los peques… No se atrevió a negarse… al cabo de un rato su cara estaba cubierta por todos los colores del mundo y él, al final, se lo estaba pasando pipa, viendo la alegría de los chavales… Notó como sus emociones y sentidos se exacerbaban, aunque no fuera por las causas que él había imaginado…

El Mensaje Misterioso – Serie Relatos Cortos – Copyright ©Montserrat Valls y ©Juan Genovés

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